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    BRUXISMO: ¿CÓMO PUEDE AYUDARTE LA FISIOTERAPIA?

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    El bruxismo es el acto por el cual  una persona aprieta los dientes (sujeta fuertemente los dientes superiores e inferiores: bruxismo céntrico) o los hace rechinar (deslizar o frotar los dientes de atrás hacia adelante uno sobre el otro: bruxismo excéntrico). Este hábito puede ser solamente nocturno o aparecer también por el día y lo ocasiona principalmente el estrés.

     

    El bruxismo afecta entre un 10% y un 20% de la población y puede provocar tanto dolor de cabeza como de los músculos de la mandíbula, cervicales y oído.

    El bruxismo diurno suele ser más apretador que rechinador y el bruxismo nocturno puede ser de ambas formas: en algún momento del día, ya sea por el trabajo o por cualquier otra causa, se ha cogido el mal hábito de apretar con los dientes al mismo tiempo.

    El hecho de que apretar los dientes genere mayor o menor patología depende  de distintos factores:  nivel de estrés, cuánto tiempo aprieto o rechino y con qué fuerza, desalineaciones dentales, postura, capacidad de relajación, hábitos alimenticios y de  sueño. En cada persona la repercusión será diferente.

    Síntomas

    -Ansiedad, estrés y depresión.

    -Dolor de oído (debido en parte a que las estructuras de la articulación temporomandibular están muy cerca del conducto auditivo externo y a que usted puede percibir dolor en un lugar diferente de su fuente, lo cual se denomina dolor referido).

    -Cefaleas y dolores musculares cervicales.

    -Dolor e inflamación de la articulación de la mandíbula. Presencia de contracturas en los músculos masticadores.

    -Chasquidos y crepitaciones.

    -Aumento de la sensibilidad dental y otros.

    Tratamiento

    El origen de la patología principalmente es nerviosa con lo que el paciente debe aprender e introducir en su día a día técnicas de relajación y alguna práctica deportiva que nos ayude a controlar y también a canalizar ese exceso de tensión nerviosa. Los buenos hábitos alimenticios son siempre complementarios y muy necesarios.

    En cuanto al tratamiento médico en la mayoría de los casos para abordar la sintomatología es necesario una férula de descarga (se hace a medida en función de la mordida de cada persona) para evitarla hiperpresión dental y su repercusión sobre la articulación temporomandibular (ATM) . Ese exceso de presión desencadena los síntomas descritos anteriormente. La terapia farmacológica debe ser prescrita por un facultativo en los casos de inflamación y dolor agudo de la articulación.

    El tratamiento fisioterápico es complementario el médico y consiste en la relajación de todos los músculos contracturados por el exceso de trabajo tanto propios de la ATM (maseteros, temporales, pterigoideos..) como los cervicales a través de técnicas de masaje, bombeo, estiramientos, etc.  En algunos casos hay problemas de movilidad tanto en ATM como en región cervical con lo que serán necesarias técnicas de movilización articular, tracción y decoaptación.

    El tratamiento manual se puede complementar con agentes físicos como termoterapia o crioterapia (depende del grado de inflamación), ultrasonidos, electroterapia, etc.

    Se hace necesario que el paciente además de controlar la tensión nerviosa con técnicas de relajación y control de estrés complemente con ejercicios de movilidad y flexibilización de la ATM Y región cervical.

    SI NOTA ALGUNO DE ESTOS SÍNTOMAS CONSULTE SIEMPRE CON UN PROFESIONAL.

    A VECES LOS SÍNTOMAS SON  LIGEROS Y CON POCA REPERCUSIÓN CLÍNICA, PERO UNA TENSIÓN MANTENIDA EN EL TIEMPO CONLLEVA A UN DESGASTE PREMATURO DE LA ARTICULACIÓN Y DE LAS PIEZAS DENTALES, UNA CONTRACTURA CRÓNICA DE LA MUSCULATURA CERVICAL Y DE LA MANDÍBULA Y SUS SÍNTOMAS ASOCIADOS COMO CEFALEAS, VÉRTIGOS, CANSANCIO, ETC.

    Laura Ruiz Espejo

    Fisioterapeuta


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    CERVICALGIA

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    El término cervicalgia significa simplemente “dolor en la región cervical de la columna vertebral”; por tanto cuando utilizamos este término no estamos hablando de un diagnóstico o definiendo una patología concreta, sólo estamos utilizando un término descriptivo para referirnos al “dolor de cuello”.

    El “dolor de cuello” es uno de los problemas que más frecuentemente se presenta entre la población. Se calcula que aproximadamente 3 de cada 10 personas va a tener “dolor de cuello” a lo largo de su vida, y que aproximadamente un 33 % lo tendrá más de tres veces en un mismo año, con mayor o menor severidad. Además este dolor de cuello puede venir acompañado de otros síntomas tales como dolores de cabeza, mareos, hormigueos… que nos darán pistas sobre el posible origen.

    La región cervical es el segmento más móvil de la columna vertebral lo que provoca que sea más propenso a sufrir patología.

    Anatomía

    La columna cervical está formada por 7 vértebras, de las cuales las dos primeras Atlas y Axís presentan características diferentes. El resto tienen rasgos característicos comunes, como son la apófisis espinosa bifurcada, los agujeros transversales, un agujero vertebral de forma triangular y el cuerpo vertebral más pequeño y rectangular que en las demás vértebras.

    Todas estas vértebras no se encuentran alineadas de forma rectilínea en el plano sagital (aunque sí en el frontal), sino que puede apreciarse una curvatura, denominada lordosis cervical. La lordosis es la curva cuya concavidad se dirige anteriormente. También vamos a encontrar esta curvatura a nivel lumbar. En muchos casos podemos encontrarnos que dicha curvatura se encuentra corregida, y se presenta rectificada. Esto es lo que se denomina rectificación cervical que suele ir acompañada de sintomatología.

    Entre las vértebras encontramos los llamados discos intervertebrales que actúan junto con otros tejidos como medio de unión de las vértebras. Así también forman parte de estos medios de unión la musculatura y los ligamentos.

    De la columna cervical salen los nervios que dan sensibilidad y motricidad a los brazos. A través de la columna cervical también pasa la médula espinal que es la conexión entre el cuerpo y el encéfalo.

    Causas
    Pueden ser múltiples las causas de la cervicalgia. Lo más frecuente son dolores originados en la musculatura y ligamentos del cuello por exceso de trabajo, stress, malas posturas, tensión nerviosa, esfuerzos, o traumatismos directos e indirectos (accidentes de tráfico)…que pueden ocasionar alteraciones a nivel articular, múscular, ligamentoso y nervioso del cuello causando dolor, contractura muscular, pérdida de movilidad, dolores de cabeza, mareos, vértigos, dolor referido en brazos y homigueo en las manos….lo que denominaríamos como cervicobraquialgia.

    Cuando existen lesiones a nivel de los discos intervertebrales también pueden causar dolor, es lo que llamamos protusión discal o hernia discal. Cuando la capa externa del disco protuye hacia una de las raices nerviosas y causa radiculopatía cervical, dolor irradiado a brazos.

    También son frecuentes las lesiones a nivel articular entre las vertebras, las que pueden causar dolor cervical, en la vejez degeneran y producen la llamada cervicoartrosis.

    Diagnóstico
    Para llegar a un diagnóstico claro, y así poder averiguar el origen de la cervicalgía debemos comenzar con una anamnesis completa del pacientes, en la que debemos recoger todos los antecedentes traumáticos o atraumáticos. Además es muy importante realizar una correcta exploración física estática y dinámica de la columna cervical mediante la palpación y movilización del segmento cervical. Es necesario ayudarse de pruebas complementarias que nos ayuden a descartar otro tipo de patologías (RMN, RX, TAC…) así como para saber en que situación real se encuentra el segmento cervical.

    Una vez tengamos claro el origen, así como hayamos identificado los problemas que nos encontramos, debemos pautar el tratamiento fisioterápico más adecuado.

    Tratamiento Fisioterapia
    Una vez realizado un correcto diagnóstico, en busca del posible origen de la cervicalgia y una vez hemos identificado los signos físicos que encontramos, debemos realizar un correcto tratamiento fisioterápico en busca de la remisión de los mismos. 

    Es importante desde el punto de vista de la fisioterapia tratar a nivel muscular y articular, trabajar la elasticidad y movilidad de la columna cervical. Podemos diferenciar dos fases, una inicial en la que nos centraremos en la realización de técnicas analgésicas, y otra posterior y en algunos momentos simultanea en la que nos centraremos en la recuperación de la movilidad y elasticidad.

    Podemos realizar un tratamiento de fisioterapia basado en :

    Termoterapia superficial y profunda: A través de la utilización de lámparas Infrarrojas (termoterapia superficial) y de Microondas (termoterapia profunda). Buscamos calentar el músculo con la finalidad de que se relaje, consiguiendo además un aumento de la vascularización de los tejidos.
    Ultrasonidos: Sobre puntos localizados. Generaremos un calentamiento tisular, además utilizamos el efecto trófico regenerador que produce el efecto mecánico de las ondas ultrasónicas.
    Electroterapia: utilizando corrientes de tipo analgésico con la finalidad de bloquear los receptores del dolor consiguiendo una relajación muscular.
    Masoterapia: buscando la relajación muscular y analgesia mediante el amasamiento y distintas técnicas de movilización de planos titulares. Aumentamos la temperatura y vascularización.
    Técnicas de estiramiento: son movilizaciones o ejercicios físicos que propician la elongación del complejo miofascial. Los objetivos consisten en alargar los músculos y fascias y de esta forma permitir un mayor rango de movimientos de la zona cervical ayudando al músculo a recuperar la elasticidad perdida.
    Movilizaciones pasivas-activo asistidas: buscamos aumentar el rango de movilidad articular, mediante el estiramiento de la musculatura y estructuras periarticulares, contracturadas o retraídas, acompañado de una ligera tracción simultánea de manera manual.
    Estos ejercicios deben realizarse evitando compensaciones y falsos movimientos que provoquen compresiones dolorosas. 
    Posteriormente realizaremos las mismas movilizaciones pidiendo al paciente que nos ayude en la realización de los mismos.
    Técnicas de fortalecimiento (isométricos): sería la última fase del tratamiento, en el que el dolor ha disminuido y hemos mejorado la situación muscular y articular. Es importante que la musculatura tenga un tono adecuado que nos ayude a evitar posibles problemas. 

    El tipo de técnicas de trabajo muscular que se utilizan son ejercicios isométricos en los cuales no se produce ninguna modificación del ángulo de movimiento empleando resistencia manual o theraband. 

    La evolución de la cervicalgia tras el tratamiento de fisioterapia suele ser muy positiva, encontrando que los síntomas remiten tras varias sesiones de tratamiento.

    Varias recomendaciones:

    Es importante evitar en la medida de lo posible una inmovilización parcial o total de la zona lesionada, pues generalmente esto ampliará el tiempo de recuperación y puede complicar el cuadro sintomático.

    Es vital no sólo tratar la patología una vez se ha instaurado, sino tener una correcta higiene postural y realizar un tratamiento preventivo si por nuestro trabajo o por nuestro ritmo de vida somos propensos a presentar “dolor de cuello”.

    Combinar el ejercicio con la fisioterapia nos ayudará a manterner el estado de nuestra musculatura, evitando que los problemas de origen muscular causa del estrés y el sedentarismo se pongan de manifisto.

    ¡Acude a un fisioterapeuta!

    Gustavo Salgado
    Fisioterapeuta
    Colegiado: 2.439

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    LA RODILLA DEL CORREDOR II: SÍNDROME DE LA CINTILLA ILIOTIBIAL

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    Definición

    Dentro de las patologías de rodilla más comunes en la práctica del running encontramos el síndrome de la cintilla iliotibial, también conocida como cintilla de Maissiat. Se trata de un síndrome doloroso que afecta a la parte más distal de dicha estructura, concretamente a la altura del cóndilo lateral externo de la rodilla. Habitualmente, además del dolor, suelen aparecer inflamación y crepitación.

    La cintilla iliotibial es una gruesa banda de tejido fibroso que nace en la espina iliaca y que se forma como consecuencia de las expansiones fasciales de los músculos tensor de la fascia lata y glúteo mayor. Recorre el lateral del fémur hasta llegar a la rodilla por su parte lateral externa insertándose distalmente en la tibia.

    Mecanismo de lesión

    La cintilla iliotibial es una estructura fundamental para mantener la estabilidad lateral de la rodilla durante la marcha, deslizándose continuamente entre la parte posterior y la anterior del fémur.

    El recorrido de esta banda tiene un punto conflictivo a la altura del cóndilo lateral externo de la rodilla (saliente óseo que ofrece el fémur en la parte más cercana a la rodilla y por su lado externo), el cual está más abultado, lo que ocasiona una mayor fricción sobre dicha banda. Para reducir tal fricción existe una bolsa serosa que se encarga de lubricar las estructuras preparándolas para el roce constante.

    A nivel deportivo, las disciplinas que sufren en mayor grado esta patología son el ciclismo y el atletismo, en el que nos centraremos principalmente.

    La banda iliotibial se encuentra por delante del cóndilo lateral externo cuando la rodilla está en extensión, pero cuando se flexiona por encima de los 30º dicha banda se hace posterior. Durante la carrera, el borde posterior de la banda iliotibial choca contra el cóndilo inmediatamente después de que el pie choque contra el suelo. Si el movimiento es biomecánicamente correcto y no existe ninguna alteración de las estructuras implicadas la carrera se desarrollará con normalidad, pero existen una serie de factores de riesgo que pueden provocar ciertas alteraciones y la consecuente aparición de los síntomas.

    Factores de riesgo

    Una cintilla iliotibial excesivamente tensa: lo que puede ocurrir debido a un espasmo o contractura del músculo tensor de la fascia lata que, al acortarse, provocará el exceso de tensión en la banda.

    Un epicóndilo femoral externo muy prominente, que provocará una mayor fricción con la banda.

    Alteraciones de la estática y dinámica de los miembros inferiores: asimetrías, varo (piernas arqueadas) o valgo (piernas en X) de rodilla, hiperpronación del pie, rotación interna de la pierna, etc.

    Técnica incorrecta de entrenamiento y/o sobreentrenamiento.

    Entrenamiento de largas distancias.

    Exceso de entrenamientos en cuestas, superficies duras y/o superficies irregulares: hay que tener en cuenta que al entrenar en pistas de atletismo es conveniente correr indistintamente en ambos sentidos, ya que coger las curvas siempre del mismo lado puede dañar la biomecánica del movimiento, sobre todo si además existe algo de peralte.

    Uso de calzado inadecuado.

    No hacer estiramientos ni precalentamiento antes de la actividad deportiva.

    Debilidad de los músculos abductores de cadera, sobre todo glúteo medio.

    Sintomatología

    El síntoma principal que aparece en un síndrome de la cintilla iliotibial es dolor en la cara externa de la rodilla; éste es un dolor de tipo difuso, en el que el paciente no es capaz de localizar un punto de dolencia específico. En algunos casos el síntoma inicial es dolor en el lateral de la cadera, a la altura del saliente óseo conocido como trocánter mayor.

    Inicialmente, el dolor lateral de la rodilla comienza a manifestarse cuando el corredor lleva ya un tiempo de carrera y/o al final de la misma, pero según va evolucionando la patología el dolor puede ir apareciendo progresivamente más pronto durante la carrera o incluso mantenerse durante el reposo.

    Cuando la evolución de la lesión avanza podemos encontrarnos que los síntomas aumentan al correr cuesta abajo o al subir escaleras.

    Tratamiento

    El tratamiento preventivo sería lo más importante para evitar la aparición del problema, eliminando al máximo los factores de riesgo, haciendo estiramientos y llevando a cabo un control fisioterápico adecuado para el buen mantenimiento de las estructuras implicadas en la actividad deportiva.

    En el caso de que los síntomas comiencen a aparecer, lo primero que debemos hacer es descartar si se trata de molestias relacionadas con un exceso de entrenamiento. En corredores poco habituales la aparición de ciertas molestias puede considerarse normal hasta que las estructuras musculares, ligamentosas y osteoarticulares se vayan habituando al esfuerzo. Pero en el caso de que los síntomas continúen, un tratamiento basado en antiinflamatorios, estiramientos, hielo y reposo deportivo durante unos días puede ser suficiente para solventar el problema.

    Para corredores con frecuencias y ritmos de entrenamiento elevados la aparición de estos síntomas debe ser señal suficiente para llevar a cabo reposo deportivo y tratamiento fisioterápico más intensivo. La mejor opción es acudir al fisioterapeuta para someterse a una correcta exploración y la planificación del tratamiento más oportuno.

    Para aquellos casos en los que los estiramientos, el hielo local, el reposo deportivo y la fisioterapia no funcionan, y además se han eliminado todos los factores de riesgo que propician un síndrome de la cintilla iliotibial, el traumatólogo puede llevar a cabo infiltraciones locales con corticoesteroides. En el caso de que esto no funcione se han descrito técnicas quirúrgicas eficaces, aunque se debe tener en cuenta que cualquier tipo de intervención quirúrgica en estos términos, puede derivar en un descenso del nivel deportivo o de competición.

    Alberto Marquina Rodríguez

    Fisioterapeuta

    Col. nº 2.973


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    ESGUINCE DE TOBILLO (II) – TRATAMIENTOS

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    Se aplicará en el momento con independencia de la gravedad del mismo. Se trata de las primeras medidas a adoptar tras el mecanismo de lesión. Debemos inmediatamente retirarnos de la competición o entrenamiento y comenzaremos con la aplicación de la técnica CRICER durante al menos 30 minutos.

    CRI: crioterapia (hielo)
    C: compresión
    E: elevación
    R: reposo

    Después de este tratamiento de urgencia tendremos que diagnosticar el grado del esguince y realizar un tratamiento adecuado a cada caso. La fisioterapia es el gran aliado de este tipo de lesiones, pues además de favorecer una correcta evolución de la lesión, trata la misma desde todos los aspectos para la vuelta a la actividad.

    TRATAMIENTO Fisioterápico DEL ESGUINCE GRADO I

    - Frio durante 15 minutos 2 veces al día
    - Técnica de CYRIAX (masaje transverso profundo)
    - Ultrasonido
    - Tens
    - Reeducación propioceptiva
    - Reeducacion del gesto deportivo.

    TRATAMIENTO Fisioterápico DEL ESGUINCE GRADO II

    - Frio durante 15 minutos 3 veces al día
    - Descarga muscular del miembro afectado.
    - Drenaje linfático manual para luchar contra el edema
    - Técnica de CYRIAX
    - Ultrasonido
    - Iontoforosis
    - Reeducación propioceptiva
    - Ejercicios de fortalecimiento de los peroneos
    - Ejercicios de marcha en terreno llano
    - Ejercicios de precompetición y entrenamiento normal

    TRATAMIENTO Fisioterápico DEL ESGUINCE GRADO III

    Existen 2 opciones: Botín de yeso o férula de 5 a 6 semanas y Reparación quirúrgica de la lesión. Posterior tratamiento rehabilitador, similar al esguince Grado II.

    FASE DE VUELTA AL ENTRENAMIENTO

    Para volver a practicar deportes, generalmente se recomienda que la inflamación o el dolor no existan o sean mínimos y que puedan realizarse saltos hacia delante o hacia los lados sobre el tobillo lesionado sin sentir dolor ni inestabilidad. En los esguinces más graves es adecuado proteger el tobillo con una tobillera o una ortesis para disminuir las opciones de nuevos episodios de esguince hasta que los ejercicios propioceptivos y la recuperación esté más avanzada. 

    Una secuencia factible tras un esguince de tobillo podría ser:

    - Calentamiento
    - Carrera sobre terreno regular e irregular
    - Saltos sobre ambos pies
    - Saltos sobre 1 pie
    - Cambios de dirección
    - Aceleraciones y cambios de ritmo

    PREVENCIÓN DEL ESGUINCE

    Es vital para evitar una lesión de este tipo llevar a cabo las siguientes acciones, también en el caso de un esguince previo, donde evitaremos las posteriores recidivas. 

    - Trabajo de potenciación de peroneos
    - Estiramientos del tendón de Aquiles
    - Calzado apropiado
    - Plantillas correctoras de anomalias del pie
    - Calentamiento adecuado
    - Vendaje funcional

    COMPLICACIONES DEL ESGUINCE DE TOBILLO

    La mayoria de ellas son debidas a un incorrecto diagnóstico inicial y/o incorrecto tratamiento. Podemos encontrar patologías como: Inestabilidad crónica ,“tobillo debil”, esguinces recidivantes, dolor persistente y continuo, linfedema residual perimaleolar, síndrome del seno del tarso…

    Recordad siempre que tras la lesión y el diagnóstico correcto, es un Diplomado Universitario en Fisioterapia quien debe realizar el tratamiento rehabilitador, aplicando todas las técnicas necesarias manuales e instrumentales, así como guiará al deportista para retomar su actividad deportiva de un modo adecuado.

    Isabel García García
    Fisioterapeuta. 
    Nº Colegiado: 4.618

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    LESIONES DE HOMBRO I. SÍNDROME SUBACROMIAL

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    La articulación del hombro es una de las articulaciones que más sufre en cualquier deporte de raqueta, por lo que en el pádel aparecen múltiples lesiones relacionadas con el mismo. Existen dos patologías que por su incidencia, están muy presentes tanto en el pádel profesional como amateur: aquellas relacionadas con un atrapamiento subacromial y las que tienen relación con una inestabilidad glenohumeral.

    El síndrome subacromial puede considerarse la dolencia más frecuente dentro del pádel, y se produce por un conflicto de espacio existente entre acromion, cabeza humeral y ligamento acromioclavicular, y las estructuras que atraviesan dicho espacio: tendón largo del bíceps braquial, manguito de los rotadores (supraespinoso, infraespinoso y redondo menor) y bolsa serosa.

    Como siempre, el gesto técnico es fundamental, y cuanto más depurado sea, menos probabilidades hay de padecer esta patología. Pero además hay que tener en cuenta distintos factores predisponentes que pueden aumentar dicha probabilidad, como la edad, lesiones anteriores, tratamientos con corticoides, actitudes posturales, esfuerzos físicos relacionados, tipo de acromion (según la clasificación de Neer), etc. Estos factores pueden incidir en mayor o menor medida en que la lesión se produzca por sí misma o que la práctica del pádel pueda acelerar el proceso.

    Durante la práctica deportiva, tanto con golpeos diestros o de revés, se imprimen rotaciones de la cabeza humeral que pueden producir ciertos roces dentro del espacio subacromial. Esto, por sí solo, puede ocasionar dolores, pequeñas tendinitis o alguna bursitis que con reposo, tratamiento antiinflamatorio y fisioterapia pueden mejorar.

    Sin embargo, no ser consciente del problema puede empeorarlo, y si por ejemplo le sumamos la presencia de osteofitos (picos óseos) o una calcificación excesiva del ligamento acromioclavicular, muy común en procesos artrósicos relacionados con la edad o con traumatismos anteriores, puede favorecerse la erosión de alguna de las estructuras que atraviesan dicho espacio. Suele ser muy común el rasgado intrasustancia del tendón del supraespinoso, que puede tener un efecto cremallera e incluso provocar una rotura completa del tendón.

    Biomecánicamente, una lesión de este tipo provoca que durante la elevación del brazo la cabeza del húmero no descienda, lo que origina una disfunción de la articulación glenohumeral, que puede desencadenar una cadena lesional que afecte a distintas estructuras del hombro, cintura escapular, cuello y espalda.

    Si repasamos esta fisiopatología podemos ver que si no trabajamos el gesto técnico pueden iniciarse ciertos problemas, y que si no damos importancia a éstos existe la posibilidad de que aparezcan complicaciones que limiten mucho nuestra capacidad funcional, llegando incluso a producir un problema crónico de muy difícil resolución.

    Recuerda que la patología de hombro es muy común en el pádel, y que si no hacemos caso a los primeros síntomas es posible que debamos abandonar, a la larga, la práctica de este deporte. Al menor síntoma consulta con tu fisioterapeuta.

    Alberto Marquina Rodriguez

    Fisioterapeuta

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    EPICONDILITIS II: PREVENCIÓN Y TRATAMIENTO

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    En el artículo anterior pudimos conocer qué es una epicondilitis, cómo se comporta en relación al pádel y qué causas lo produce.

    En resumen, lo que tiene que quedar claro es que, salvo trauma previo sobre la zona, se trata de una lesión que tiene que ver con pequeños microtraumatismos producidos por la repetición de movimientos relacionados con el gesto deportivo, y que incluso tomando todas las precauciones posibles y teniendo una técnica perfecta, el hecho de repetir los mismos movimientos puede ocasionar molestias que siempre hay que vigilar.

    Prevención

    Primero echemos un vistazo a nuestro equipamiento, ya que no sólo se trata de coger una pala de pádel cualquiera, un compañero de juego y una pista para jugar. La pala debe ser la adecuada a nuestro nivel técnico y a nuestra complexión física, y no sólo eso, debemos hacerla nuestra y sentirla como una prolongación de nuestro brazo. Una pala más o menos pesada de lo debido disminuirá nuestro rendimiento y puede originarnos lesiones. Siempre es bueno pedir consejo a algún experto que nos pueda orientar.

    Normalmente, cuando empezamos a jugar al pádel, lo hacemos por nuestra cuenta hasta que poco a poco se va convirtiendo en una “adicción” (siempre positiva). Lo lógico es que todos podamos cometer más o menos fallos técnicos y si nadie nos corrige podemos automatizar ciertos movimientos que a medio o largo plazo puedan lesionarnos. Por eso, llegado el momento,  deberíamos tomar algunas clases con técnicos especializados para saber si lo estamos haciendo bien, mejorar nuestra técnica y, por qué no, también ganar en destreza.

    Un error inicial muy común y que puede ocasionar diferentes lesiones como epicondilitis o epitrocleitis es coger la pala con excesiva fuerza debido a la tensión, los nervios, la imprecisión de la técnica, etc. Una fuerza prensil excesiva aumentará el tono muscular de la musculatura flexora y también de la extensora, lo que a la larga podría poner en marcha la fisiopatología de las lesiones descritas. El uso del grip de la empuñadura es muy importante en relación a la presión que podemos hacer, ya que un buen ajuste de la palma de la mano con la pala es fundamental en la “relación” que tendremos con ella durante su manejo. Igual que en la técnica, un experto nos podrá orientar tanto en grosor como en la colocación del grip.

    Tratamiento preventivo

    Ya tenemos contralado todo lo relacionado con el equipamiento y también comenzamos con algunas clases para mejorar nuestra técnica y corregir los posibles errores, de manera que en teoría todo lo hacemos bien y no hay motivos para sufrir una epicondilitis. Sea esto cierto o no, es muy normal que el ritmo de entrenamientos, partidos, los cambios en las condiciones de la pista, bola, etc, nos pueden originar sobrecargas y molestias que a medio plazo ocasionen ésta u otra lesión.

    Como una rutina más dentro de nuestra preparación (técnica, entrenos, nutrición…) deberíamos incorporar un control fisioterápico para advertir a tiempo esas sensaciones que puedan ir apareciendo y así evitar que vayan a más. Eso, junto con una rutina de ejercicios y estiramientos será suficiente para tener nuestro antebrazo en forma.

    Veamos unos ejemplos:

    Trabajo muscular para los músculos epicondíleos o extensores de la muñeca con cintas elásticas de resistencia progresiva o con mancuerna. Con una resistencia que podamos controlar y apoyando el antebrazo completamente, colocamos la mano con la palma hacia abajo y abrazamos la cinta o mancuerna cerrando el puño. El movimiento se realiza de abajo a arriba contrarresistencia.

    También se puede trabajar la musculatura epitroclear o flexora de la muñeca de la misma manera pero con la palma de la mano hacia arriba, sin embargo, normalmente existe una descompensación fisiológica entre la fuerza basal de la musculatura flexora y la extensora, siendo la primera más fuerte. Antes de trabajar esta musculatura sería recomendable consultar con tu fisioterapeuta.

    Estos ejercicios de potenciación muscular sólo deben hacerse como trabajo preventivo para tonificarlos, pero nunca cuando hay molestias o dolor si el fisioterapeuta no lo ha pautado previamente.

    Autoestiramiento de musculatura epicondílea o extensora de la muñeca. Estiramiento mantenido durante al menos 20 segundos sintiendo tensión pero nunca dolor y sin hacer rebotes.

    Autoestiramiento de musculatura epitroclear o flexora de la muñeca. Estiramiento mantenido durante al menos 20 segundos sintiendo tensión pero nunca dolor y sin hacer rebotes.

    Tratamiento

    Hemos tomado previamente todas las medidas descritas y además estamos haciendo un tratamiento preventivo, pero aún así comenzamos a sufrir los síntomas descritos en el artículo anterior. Es el momento de consultar con un fisioterapeuta para que haga una exploración, una valoración, planifique un tratamiento y lo ponga en marcha. Cuidado con los llamados “pseduoprofesionales”, y recuerda que el fisioterapeuta es un profesional sanitario y como tal está legalmente capacitado para tratar estas dolencias.

    El tratamiento se planificará en función de la fase en la que se encuentre la lesión. Si sólo se trata de una fase temprana que cursa con sobrecarga muscular y ligeras molestias, unas sesiones de masaje, estiramientos y termoterapia serían suficientes.

    En el caso de una fase más aguda el tratamiento será más especializado: dirigido a aliviar el dolor y reducir la inflamación (en este caso se puede consultar con el médico para apoyar el tratamiento con antiinflamatorios). El fisioterapeuta utilizará diversas técnicas manuales, así como electroterapia, e irá adaptando el tratamiento en función de la evolución del paciente.

    Actualmente está muy de moda utilizar técnicas de vendaje neuromuscular o kinesiotaping, que son esas tiras adhesivas de diversos colores que llevan muchos deportistas famosos y que, aunque muy eficaces en estos casos según la fase evolutiva de la sesión, no se colocan como un esparadrapo normal y corriente, ya que no son simplemente unas tiras que se ponen sobre la piel. La compleja técnica de trabajo basada en estos vendajes tiene su origen en Japón, y es necesario conocer cómo funciona y cómo debe colocarse.

    Que nosotros mismos coloquemos tal cual una tira no sirve absolutamente para nada, e incluso podríamos llegar a agravar la lesión. Será el fisioterapeuta el que colocará el vendaje en función su conocimiento sobre la lesión y sobre la técnica.

    Existe una fase crónica que se alcanza si el diagnóstico es muy tardío o el tratamiento inadecuado: epicondilosis. Este tipo de lesión es una evolución de la fase aguda que cursa con trastornos degenerativos del tendón y que presenta una problemática mayor. Además del trabajo de fisioterapia será necesario consultar con un traumatólogo para que valorar el alcance de la patología.

    Ya sabemos qué es una epicondilitis y cómo actuar tanto para prevenirlo como para tratarlo en el caso de que se presente. Ahora sólo es necesario concienciarse de que un simple problema puede convertirse en una lesión que no nos permita disfrutar de nuestro deporte, ni desarrollar correctamente la funcionalidad del brazo en nuestra vida diaria.

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    EPICONDILITIS I: QUÉ ES Y POR QUÉ SE PRODUCE

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    ¿Quién no ha oído hablar del famoso “codo de tenista”? Incluso quien no practica deportes de raqueta. En este artículo vamos a tratar de explicar qué es exactamente una epicondilitis o “codo de tenista”, qué estructuras están implicadas en dicho proceso y por qué puede aparecer  sobre todo en el mundo de la raqueta, y más concretamente en el pádel.

    La palabra epicondilitis viene de una estructura anatómica localizada en el codo que se denomina epicóndilo y del sufijo –itis que significa inflamación. Podemos hablar de epicóndilo lateral o epicóndilo medial (también conocido por epitróclea), y en ambas zonas podemos sufrir lesiones muy parecidas aunque con connotaciones diferentes.

    El epicóndilo lateral sirve de anclaje para la musculatura epicondílea, que son básicamente los músculos responsables de la extensión de la muñeca y dedos, y de la supinación del antebrazo. El movimiento de supinación es el que, manteniendo el codo en flexión de 90º, lleva la palma de la mano hacia arriba.

    Estos músculos parten de tendones insertados en el epicóndilo y forman una masa muscular palpable que, según se acerca a la muñeca, se va transformando en un tejido conjuntivo en forma de tendones, cuya inserción se encontrará en distintas estructuras anatómicas de la mano.

    Esta musculatura es muy importante en los movimientos que se imprimen en el pádel y, en general, en todas aquellas actividades en las que se empuña algo con fuerza.

     

    SINTOMAS

    La epicondilitis es una entesitis, es decir, una tendinitis de la porción del tendón que se inserta en el hueso, y cursa con inflamación local, tumefacción, crepitación, dolor agudo e insidioso a la palpación, a la contracción y al estiramiento. El dolor puede irradiarse hacia la parte externa del antebrazo y puede provocar pérdida de fuerza prensil en la mano.  En una fase temprana, el dolor se instaura al inicio del ejercicio y poco a poco va desapareciendo, hasta que vuelve durante el reposo posterior. En una fase aguda el dolor está presente constantemente y se acentúa con el movimiento; es la fase más incapacitante y no nos permite continuar con nuestra actividad.

    El dolor se localiza de una manera muy puntual en el mismo hueso, y aparece la duda de que el hueso esté dañado o no. El tendón, cuando se inserta en el hueso, lo hace a través de una película que recubre el hueso y que se llama periostio; éste se irrita, se inflama y produce ese dolor óseo tan característico. Normalmente acudimos al médico o al fisioterapeuta cuando estamos en esta fase aguda, porque es cuando va apareciendo el dolor más intenso.

    Existe una fase previa por la que todos los jugadores pasan muy a menudo y que, si no se le presta atención, puede evolucionar en una epicondilitis. Antes de que la región del epicóndilo comience a presentar síntomas de inflamación, suele aparecer una sobrecarga de la musculatura correspondiente debido a múltiples causas. Si prevenimos estas sobrecargas y cuidamos su evolución podemos disminuir bastante la probabilidad de sufrir esta patología.

    El proceso patológico, como en cualquier tendinitis, puede evolucionar a una fase crónica y convertirse en una epicondilosis, donde ya no existen signos inflamatorios y sí un proceso degenerativo crónico del tendón, que puede llevar al deportista incluso a abandonar la competición.

     

    CAUSAS

    Aunque esta lesión puede venir provocada por un traumatismo directo sobre la zona, la mayoría de los casos tienen relación con movimientos de repetición relacionados con la actividad deportiva o también con la actividad laboral.

    Las causas más importantes tienen relación con el gesto deportivo, con lo que un trabajo de entrenamiento y adiestramiento de cada uno de los movimientos implicados en la actividad es fundamental para prevenir la lesión.

    El movimiento de revés es el que más implicación tiene, ya que partimos de una posición en la que el codo, la muñeca y los dedos están en flexión (éstos últimos haciendo prensa sobre la pala), y en esta postura la musculatura epicondílea se encuentra en máximo estiramiento. En el momento del golpeo de la bola se produce una contracción muy brusca y rápida de dicha musculatura y la repetición de este movimiento bola tras bola y día tras día facilita la aparición del problema, sobre todo si el gesto deportivo no es el más correcto.

    Pero también tienen una gran implicación en el proceso los materiales con los que trabajamos en el desarrollo de la actividad deportiva,  y su influencia puede ser muy importante:

    Una pala inadecuada para nuestro nivel, altura, peso, constitución, etc.

    Un reciente cambio de pala.

    Una empuñadura demasiado gruesa o demasiado fina.

    La colocación incorrecta del grip de la empuñadura.

    Una bola inadecuada o en condiciones diferentes a las que estamos acostumbrados (lluvia, frío intenso).

    Cambios recientes en los tipos de entrenamiento.

    Y definitiva, cualquier cosa que pueda hacer variar nuestras sensaciones normales durante el golpeo de la bola y que nos haga variar la calidad de nuestro gesto deportivo.

    Comentábamos previamente que la repetición de movimientos es la causa más importante en estos procesos, con lo que hay que tener en cuenta que aunque todo el material que utilicemos sea el correcto, nuestro gesto deportivo sea perfecto y todas las condiciones requeridas sean idóneas, durante la actividad estamos constantemente repitiendo una serie de movimientos, y que dicha repetición por sí misma provoca tensiones y sobrecargas que si no prestamos atención pueden derivar en este tipo de patologías.

    En el próximo número veremos cómo prevenir este tipo de patología y qué es lo que la fisioterapia puede ofrecer tanto para dicha prevención como para el tratamiento.

    Alberto Marquina Rodríguez

    Fisioterapeuta

    Col. nº 2.973

    Categorías: FisioBlog.

    LA LUMBALGIA EN EL PÁDEL

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    La región lumbar se corresponde con el tercio inferior de la espalda si tomamos ésta desde el cuello hasta el comienzo de las nalgas, y todos hemos sufrido dolor en dicha zona en algún momento de nuestra vida. Es una molestia muy común ya que se trata de un “punto débil” dentro de nuestra estructura anatómica, y antropológicamente hablando “es el precio que debemos pagar por pasar de cuadrúpedos a bípedos”.

    La lumbalgia no sólo es una patología asociada a múltiples deportes, sino que además su incidencia es muy alta en toda la población y en el desarrollo de todas las actividades. Sin embargo, nos vamos a centrar en por qué se produce en el pádel, cómo podemos evitarlo y que hay que hacer para solucionarlo.

    Antes de nada vamos a conocer algo más de esta zona anatómica desde un punto de vista estructural y funcional.

    La columna vertebral es la encargada de estabilizar verticalmente las desviaciones horizontales que sufre la pelvis en cada movimiento con un único objetivo: la alineación de nuestros ojos para que siempre mantengamos la vista horizontal, independientemente de la actividad, la inclinación del suelo, etc.

    La columna tiene una actividad muy intensa a nivel muscular y articular para llevar a cabo compensaciones cuando no estamos en una postura estática y erecta. Es decir, en el momento en el que caminamos, corremos, saltamos……y jugamos al pádel, nuestra columna no deja de trabajar, y por lo tanto puede sufrir estrés articular, sobrecargas y lesiones, las cuales pueden darse en todas sus estructuras (músculos, tendones, ligamentos, discos intervertebrales, articulaciones, etc.).

    La zona lumbar es el primer segmento de la columna vertebral  y el que inicia dicha compensación; además soporta el peso del resto de columna y de la cabeza. Pero además hay otra variante más, ya que todo esto se aprecia desde un plano frontal (visto desde atrás o desde delante), pero si vemos la columna desde un plano sagital (vista de lado), se observa que hay una serie de curvaturas que sirven para darle una mayor resistencia. En la zona lumbar esta curvatura se conoce como lordosis lumbar y es una curva cóncava si la vemos desde atrás. Una lordosis poco pronunciada o muy pronunciada puede provocar distintas patologías, y aunque existe un componente genético en cada persona, el trabajo de las musculaturas abdominal y lumbar puede ayudarnos mucho a corregirlo o al menos a evitar ciertos problemas.

    El pádel, como cualquier deporte de raqueta, es asimétrico, es decir, siempre se trabaja más un lado, ya que la pala la jugamos siempre con el mismo brazo, de manera que si no tonificamos todo el cuerpo en su conjunto, la descompensación puede ocasionar dolores y aumentar la incidencia de ciertas lesiones.

    En el pádel hay dos jugadas que suelen provocar problemas lumbares siempre que no trabajemos correctamente la técnica adecuada: jugar la bola con la pared y jugar bolas bajas.

    Cuando jugamos con la pared colocamos nuestro cuerpo en la posición correcta para recibir la bola y devolverla en las mejores condiciones posibles. Un jugador profesional depura tanto su técnica que es capaz de anticiparse y colocar las piernas de tal forma, que al girarse la espalda prácticamente no se torsiona. En los jugadores amateur se abusa de los giros de tronco desde la columna lumbar, lo que provoca un cizallamiento constante de los discos intervertebrales, que se irritan e inflaman, generando dolor articular, lo que lleva a nuestro cuerpo a intentar protegerse contrayendo más la musculatura lumbar y ocasionando sobrecargas y contracturas.

    Al recibir bolas a baja altura, la técnica correcta sería bajar nuestro centro de gravedad flexionando las piernas, pero eso supone entrenar a fondo la técnica y trabajar la musculatura de los miembros inferiores, sobre todo de cuádriceps y glúteos). A nivel amateur nos es mucho más cómodo y casi automático flexionar la espalda hacia delante, pero eso hace que la musculatura lumbar tenga que trabajar a conciencia cada vez que queremos recuperar la postura erguida, ocasionando también contracturas y distintos dolores lumbares.

    Es evidente que la mejor manera de luchar contra la lumbalgia es prevenirla cuidando todos estos gestos, entrenando la técnica correcta y tonificando musculaturas lumbar y abdominal. No obstante, esta zona también puede trabajarse de forma habitual con masajes, estiramientos, manipulaciones y demás técnicas de fisioterapia para ayudarnos no sólo cuando se ha instaurado la patología, sino también para prevenirla.

    Recuerda: cuando juegues al pádel no olvides cuidar tu zona lumbar. Puedes empezar recogiendo las bolas del suelo doblando las rodillas y no flexionando la columna, y verás como poco a poco vas automatizando movimientos que protegerán tu espalda.

    Alberto Marquina Rodriguez

    Fisioterapeuta

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    ESGUINCE DE TOBILLO (I) – CAUSAS

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    esguince tobillo. anatomia tobillo
    Después de las lesiones musculares el esguince de tobillo es la lesión deportiva más frecuente. Es común a todas las modalidades de deporte de carrera, pero más frecuentes en los que exigen saltos con caída sobre un solo pie: fútbol, baloncesto, balonmano, voley, carreras (vallas, cross), saltos de longitud, triple salto o salto de altura. Por supuesto entre los corredores populares tiene una gran incidencia.

     

    Si bien la mayor parte de los traumatismos de tobillo son simples torceduras, y por tanto son sólo ligeras distensiones de los ligamentos laterales, pueden dañarse muchas otras estructuras. Un diagnóstico y tratamiento incorrectos causan una morbilidad considerable. Un tobillo dolorido e inestable, en forma crónica, puede conducir a una discapacidad importante y eventualmente a la artrosis. Por esta razón, debe evaluarse cuidadosamente este tipo de daño e incluir una detallada historia clínica y un examen físico y por imágenes apropiados. Una vez realizado ésto, se puede hacer un diagnóstico exacto e instaurar el tratamiento adecuado.

     

    En el 90 por ciento de los casos los ligamentos afectados son los ligamentos laterales externos ( peroneoastragalino anterior, peroneocalcaneo y peroneoastragalino posterior). Y el 10 por ciento restante el afectado es el ligamento lateral interno ( deltoideo). En este caso vamos a describir aquellos que se presentan con mayor frecuencia, el esguince de LLE.

     

    MECANISMO DE PRODUCCIÓN

    El esguince es una lesión que puede ser completa o incompleta, según afecte al aparato cápsulo-ligamentario. Se trata de una lesión provocada por un movimiento forzado, por lo general se produce una torsión con el pie en varo y supinación, sufriendo el pie una inversión forzada que provoca una mayor o menor tensión del ligamento lateral externo. Esta lesión activa una reacción inflamatoria con ruptura en mayor o menor grado de vasos capilares y de la inervación local que puede determinar por vía refleja fenómenos vaso motores amiotróficos y sensitivos que alargan la evolución de esta patología aun después de su cicatrización.

    CLASIFICACIÓN DEL ESGUINCE DE TOBILLO

    La intensidad del cuadro va a depender del grado de distensión del ligamento, o si se produjo su rotura parcial o total, y de ahí también derivará su clasificación:

    ESGUINCE GRADO I

    Se produce un «estiramiento», una distensión del ligamento afecto, habitualmente el PAA, no existe laxitud articular asociada. Se produce la rotura de menos del 5% de las fibras.Como signos y síntomas principales vamos a encontrar:

    - Ausencia de inflamación inmediata

    - Dolor moderado

    - Estabilidad del astrágalo en la mortaja peroneo astagalina
    – Capacidad de apoyo del pie y caminar
    – Elongación de los ligamentos

     

    ESGUINCE GRADO II


    Se produce la rotura parcial del ligamento, aparece dolor moderado acompañado de una inestabilidad articular leve. Los signos y síntomas son más evidentes. Se ha producido la rotura del 40%-50% de las fibras. La exploración puede revelar un cajón anterior y/o una inversión forzada positivos.Como signos y síntomas principales vamos a encontrar:

    - Inflamación con equimosis precoz

    - Dolor agudo a la puesta en tensión de los ligamentos
    – Signos radiográficos de inestabilidad
    – Incapacidad funcional: o no se puede realizar el apoyo o se realiza cojeando
    – Rotura ligamentosa parcial

     

    ESGUINCE GRADO III

    Existe una laxitud articular manifiesta, rotura completa del ligamento. Las maniobras exploratorias son positivas.Como signos y síntomas principales vamos a encontrar:

    - Percepción de crujido en el momento de la lesión

    - Inflamación inmediata y tumefacción
    – Sensación de inestabilidad
    – No se puede caminar ni cargar
    – Signos radiográficos de inestabilidad astragalina
    – Rotura completa de varios ligamentos

     

    Isabel García García

    Fisioterapeuta

    Nº Colegiado: 4.618

     

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    EL MÚSCULO TRANSVERSO ABDOMINAL, EL GRAN OLVIDADO

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    Para que nuestro entrenamiento físico sea completo y casi independientemente del deporte que practiquemos, ya seamos corredores, tenistas, nadadores… el fortalecimiento abdominal debe ser una tarea a incluir para lograr un cuerpo funcional, equilibrado y con ello prevenir las lesiones que nos obligan muchas veces al “parón deportivo”. Pero, ¿sabemos fortalecer correctamente nuestra musculatura abdominal?

    Los músculos que componen la pared anterior del abdomen son el transverso del abdomen, recto anterior y los oblicuos interno y externo.En esta primera toma de contacto, quiero dedicarlo al músculo transverso del abdomen, ese gran desconocido.El músculo transverso abdominal es el más profundo de los músculos anchos del abdomen, se encuentra situado en la parte anterior y lateral del mismo y sus fibras son transversales. Contribuye a la micción, defecación, vómitos, tos, parto, espiración forzada… pero también tiene un componente importante como estabilizador de la columna lumbar a través de sus uniones sobre todo a nivel fascial (envolturas de tejido conjuntivo que envuelven, aíslan y a la vez relacionan a nuestros músculos unos con otros).

     

    Ahora bien, ¿cómo lo activamos? Sobre todo es un trabajo de concentración. Para ello vamos a realizar una contracción isométrica (estática) del músculo transverso abdominal que estabiliza la región lumbar al disminuir la lordosis lumbar (curva natural de la zona baja de nuestra columna). Pongamos un ejemplo: nos situamos tumbados boca arriba en una colchoneta, cabeza en posición de reposo apoyada en una almohada o toalla, caderas y rodillas flexionadas con las plantas de los pies en contacto con la colchoneta y las manos situadas en la región abdominal sobre la zona del ombligo. Cogeremos aire por la nariz (inspiración relajada, no profunda) y espiramos por la boca a la vez que contraemos el abdomen con el objetivo de llevar nuestro ombligo hacia arriba (en dirección a nuestra cabeza) y hacia atrás (a la espalda).

     

    Para incluir el trabajo del transverso del abdomen en nuestra rutina de entrenamiento abdominal os animo a que probéis a realizar esta contracción isométrica previa a la contracción de los rectos abdominales en la flexión de tronco, conocido en Pilates como chest lift. Seguimos con el ejemplo anterior (tumbados boca arriba, caderas y rodillas flexionadas con plantas de pies apoyados y añadiremos cabeza sujeta con manos): cogemos aire por la nariz, espiramos a la vez que contraemos abdomen (“metemos ombligo hacia arriba y hacia la espalda”) y aún soplando flexionamos tronco adelante; inspiramos al descender hasta apoyar de nuevo la espalda en la colchoneta.

    Esta es una de las ideas esenciales del Método Pilates cuyo mentor puso especial atención al fortalecimiento de la musculatura abdominal para mantener el equilibrio corporal y dar estabilidad y firmeza a la columna vertebral.

     

    LAURA RUIZ ESPEJO

    FISIOTERAPEUTA

    Nº COLEGIADO: 5.022

    Categorías: FisioBlog.